PREAMBULO DE LA NOVELA
Alcaudete 19 de enero 2001.
Antonio el albañil se había marchado ya y la penumbra comenzaba a invadir la estancia. La reforma de mi casa, en la calle Carnicería, iba más lenta de lo que yo deseaba y no estaba muy de acuerdo con la opinión positiva que todos me daban sobre la marcha de las obras. Por la mañana habían descubierto el suelo de la salita, habitación que ocupa la parte izquierda de la casa según se entra y con ventana a la calle. Para mi sorpresa habíamos encontrado un suelo empedrado bajo las baldosas grises y rojas que mi abuelo mandó poner en los suelos de toda la vivienda cuando la construyó allá por los años cuarenta. Estas baldosas habían quedado enterradas bajo el terrazo que mi padre había superpuesto en los años setenta.
El empedrado me había impresionado sobremanera, parecía en un primer momento como si la entrada a la cuadra de la casa hubiese sido por ahí. Esta casa estaba derruida por las bombas de la guerra civil y mi abuelo la compró para levantarla de nuevo. Seguro que vio las piedras pero se limitó a poner el nuevo suelo sobre el los cantos rodados y decidí que yo haría lo mismo colocando antes una rejilla de mallazo y una buena masa de hormigón. Lo que me llamó la atención fue la disposición de las piedras formando un dibujo y la losa de casi un metro de lado que se encontraba junto a la pared de la izquierda. Todo el día estuve a punto de decirle a Antonio que levantase la losa pero al final decidí no hacerlo. Cuando me quedé solo tanteé la superficie y sopesé la posibilidad de levantarla yo.

En el segundo libro las pastas estaban repujadas y en el cuero de su superficie se podían ver caracteres de letra gótica que ponían “La Rosa y la Capuchina”. Inmediatamente comprendí que los libros estarían relacionados entre si de alguna manera, aunque mis conocimientos de latín no me permitían entender el texto del libro más antiguo me aferré a la idea de que era un libro histórico sobre las andanzas de los almogávares en el Mediterráneo. Hojeé una y otra vez ambos libros, limpié la palmatoria y decidí dejar para el próximo día el análisis de mi descubrimiento. El tiempo había volado y ya era pasada la media noche así es que me fui a la cama sin cenar, al día siguiente era sábado y los albañiles no venían, ya decidiría que hacer con el agujero en el suelo y con el asombroso descubrimiento.
Cuando escribo estas letras han pasado dos semanas de mi descubrimiento. Decidí ocultar a los albañiles lo encontrado y esta mañana ha quedado cubierto y terminado el suelo de la salita con la nueva cerámica. Me he afianzado en la conclusión de que, los autores de los dos libros están separados en el tiempo un centenar de años o más. Son muchos los interrogantes que tengo al respecto pero ante todo he decidido transcribir al ordenador todo lo que he empezado a leer en el libro más moderno. Tiempo habrá de analizar el contenido del libro más antiguo y tomar otro tipo de decisiones al respecto. Lo que a continuación se podrá leer es una copia lo más rigurosa posible del contenido del libro en castellano antiguo y solo me permitiré la licencia de añadir las consultas al diccionario que yo mismo haga para la buena comprensión de lo que en él se diga.