10 diciembre, 2008

Peñiscola para "carrozas"

Lo que no viene en las guías

En la calle principal de la zona moderna, que va de la Plaza de la Constitución a la bahía y en dirección al casco histórico, hay una inmobiliaria que expone en sus escaparates una colección de fotografías antiguas en donde se pueden apreciar los espectaculares cambios que se han producido en Peñíscola. Cuento esto porque hacía unos treinta años que no iba a este lugar y mis recuerdos se parecen más a las vetustas fotos que a lo que contemplo en la actualidad.
Peñíscola es un enclave impresionante se mire como se mire. Su maciza fortaleza fue objetivo primordial de órdenes militares, desde los Templarios a los de Montesa, sede del papa Luna y bastión de la guerra de la Independencia, resistiendo a los cañones franceses.
Las autoridades culturales castellonenses han hecho mucho por recuperar el entorno, pero no han sabido involucrar a los vecinos y constructores para que en el recinto amurallado se construyeran viviendas con apariencia acorde a lo que debería ser por proximidad al castillo. La circulación y aparcamiento de vehículos en el casco histórico, las antenas de TV y el cablerío de alumbrado y teléfonos, son los principales obstáculos para optimizar la estética del lugar. Otra cosa es el paseo marítimo que llega a Benicarló, totalmente atiborrado de edificios de hoteles y apartamentos que a lo largo de siete u ocho kilómetros discurre al lado del mar con una cuidada y limpia playa por la que es una gozada pasear en otoño.
He fijado mi residencia en el Hotel Ágora, con Spa y todos los avíos, estrenado este mismo año, es lo más de lo más en lo que a diseño y modernura se refiere, pero estamos en Noviembre y tienen que adecuarse al mercado que queda debido a fechas y crisis, por lo que el buffet de autoservicio alimentario no es lo que se corresponde a un cuatro estrellas. También es verdad que el precio es muy asequible.

En Peñíscola está la fortaleza y el paseo marítimo y eso da para lo que da, así es que hay que programar una serie de visitas a los alrededores que hagan amena la semana que vamos a permanecer aquí y el primer lugar que visitamos es Morella. Esta ciudad amurallada está en ruta de Vinaroz a Zaragoza y aunque la carretera es buena, en su último tercio te hartas de curvas. He visto pueblos medievales mejor conservados y más espectaculares pero ya que estoy aquí aprovecho para admirar su cerco amurallado, la catedral, que bien merece ser visitada, y su calle principal que está porticada a lado y lado. Imprescindible tomar un café con leche y unos laons de Morella, especie de empanadilla rellena con una pasta de requesón y almendra, rico, rico.
Tortosa es otra ciudad a visitar. Tomando la AP-7, siempre a base de pagar peaje, te deja muy cerca. Como siempre, lo más perentorio es encontrar donde dejar el coche lo más céntrico posible, cosa no muy difícil.


Lo primero visitar el Ebre, como sus habitantes dicen, lleno a tope y que en unos pocos kilómetros se pierde en el mar Mediterráneo, por mucho que me lo expliquen no entiendo los grandes letreros en sus laterales que dicen no al trasvase. Al lado del río, el Mercado Municipal, imponente y espectacular, me encantan sus puestos de pesca salada donde el bacalao es el rey. Los cuidados bares de su interior repletos de exquisiteces, bocadillos y tapas que son la delicia de los que vienen aquí a comprar.


Luego hay que callejear y visitar su catedral que tiene una importante exposición permanente, después es imprescindible subir al castillo, que es Parador Nacional, aunque para ello hay que atravesar una zona antigua, vieja, abandonada y ruinosa que ha sido dejada en manos de okupas, marroquíes en su mayor parte, que no es lo que esperábamos para esta zona.
Una curiosidad de origen medieval, que me llamó la atención, es la Cucafera, especie de tortuga o dragón gigante sin patas pero que dispone de una cabeza semejante a la de un cocodrilo, que mueve adelante y atrás constantemente y que tiene unas hermosas orejas. Por lo visto este bicho se alimenta de gatos y algún que otro niño, siendo en la procesión de la Virgen de la Cinta, patrona local, donde se exhibe con arrogancia para jolgorio de los que la contemplan.

Otra excursión a realizar es la visita a Castellón, capital de la provincia por la que hay que pasear su moderno centro urbano, lleno de buen comercio que se encuentra ubicado entre el carrer d´Enmig, o sea la calle de Enmedio y la calle Mayor. Como sabéis lo primero que busco en una ciudad es su mercado y el Mercat Central de aquí es de impresión. Está separado el pescado del resto por la cantidad de paradas y la abundancia de la oferta. Deambular por entre los repletos mostradores donde hay de todo y hasta bien de precio es alucinante ¡Que variedad y que frescura de pescados!
Al lado el Ayuntamiento y la concatedral, con su torre exenta, en una plaza gemela a la que hay al otro lado del mercado repleta de bares y que la tienen llena de mesas y veladores.
Hace dos días solamente que se inauguró en la concatedral la exposición cíclica que La Llum de les Imatges (La Luz de las imágenes), que en esta ocasión se llama Espais de Llum (Espacios de Luz) y como es natural no me la podía perder. Cuadros primorosamente restaurados, la propia concatedral está perfectamente restaurada, y óleos e imágenes de varias épocas componen una muestra que se complementa con la que hay en Burriana y Villa Real.
Ya he tenido oportunidad de ver varias exposiciones en distintos años de esta muestra de La Luz de las Imágenes y nunca me ha defraudado, al igual que la que desde hace tiempo se realiza cíclicamente en Castilla León y que llaman Las Edades del Hombre y la que hacen en la región de Murcia, llamada Huellas.
Hablo con algunas personas que visitan la exposición y al comentarles que mi tierra es la cuna del Barroco y detallarles parte de la ingente cantidad de arte sacro, catedrales y conventos que hay en Andalucía, me dicen con socarronería que por qué no se hace esto mismo en mi tierra. No se que contestar y no alcanzo a comprender la razón de que no hayamos sido capaces de crear algo tan bello y con tanto potencial artístico y turístico. Seguro que nadie encuentra respuesta a esta cuestión ¿o quizás si?
He dejado para el último día lo más cercano, Benicarló y Vinaroz, enclaves típicamente veraniegos. No dan para más de una mañana entre las dos y paradógicamente es mejor y más bonito Benicarló (tierra de las alcachofas) aunque sea una ciudad de menor importancia. Ambos pueblos tienen un buen mercado municipal y es lógico que su oferta sea inferior a la que vimos en Castellón, lo que no entendemos es que sus precios sean bastante más caros que en la capital (lo único bien de precio son las naranjas y las mandarinas). Por otro lado se entiende que su progreso se debe fundamentalmente a la cantidad de veraneantes que acogen cada año y que en algunos casos, triplica su población habitual.

28 septiembre, 2008

Dos retratos a carboncillo y a pastel (1969 y 1971)

Mi abuela paterna Pilar Salazar Martínez



Mi abuela materna Carmen Mantas Pareja

El billete premiado en el bolsillo del muerto.







Historias para no dormir en Alcaudete.

Estaba completamente exhausta, miró en derredor y solo acertó a dejarse caer en el sofá. Durante dos horas había puesto la casa patas arriba y nada, el billete de lotería no aparecía por ninguna parte. Al final su primera intuición iba a ser verdad, cuando en el tanatorio le dijo Ramiro al oído...- El billete de lotería que me compró tu marido la semana pasada tiene premio...¡El Gordo!
-Solo me faltaba que estuviese el billete en la chaqueta del traje marrón-. Se dijo, desechó la idea durante un rato, después empezó a obsesionarse y no paró hasta que consiguió entrar en la habitación del muerto. Primero y con la excusa más peregrina consiguió que le abriesen la puerta...- No se quede mucho rato, que ahí hace un frío de narices... - Después echó las cortinas y rápidamente empezó a registrarlo. Ni le miró a la cara pero no pudo impedir rozarle las manos, frías y duras como la merluza congelada... Creyó mirar en todos los bolsillos pero se le olvidó uno, el interior derecho. -¡Imbécil de mí!, me dejo el interior derecho y claro, ahí debe de estar, porque no aparece por ningún lado-. Los nervios y pensar en la gente que venía constantemente a darle el pésame la aturullaron. Descorrió las cortinas y salió.


-¿Que pasaba María...?
-Nada, figuraciones mías, he entrado... por nada, ...que se me ocurren unas cosas...
Doscientos mil euros... ¡Nada!, más de treinta y tres millones de pesetas, o sea arreglarle la vida de una vez y no sabía donde estaba el billete. Por una vez que iba a hacer una buena cosa por ella y mira...
- ¿Porqué se me ocurriría que le pusieran el traje marrón? Hoy en día que solo se les pone una sábana...
- ¿Que dices María?
- Nada, nada, ...que me he quedado muy sola...
Durante todo el funeral no pensaba en otra cosa...-Ojalá que esto acabe pronto para buscar el billete en casa-. En un principio no tenía planificado ir al cementerio pero lo pensó mejor...- Voy a ir al cementerio...-
- Pero mujer, deberías descansar que no has dormido nada desde anteayer ...
- No, no, que quiero ir...
Ahora estaba casi al borde de la desesperación, allí, tirada en el sofá y con un decisión tomada ...
- Mañana por la noche voy a abrir el nicho, será fácil, está abajo de la fila de nichos, en cuanto cierren me quedo dentro y antes de que se haga de noche habré acabado... ya he pensado como salir... será fácil.



Serían las nueve y veinte de la mañana. El sepulturero abría la cancela ante dos mujeres enlutadas que con velas y flores esperaban, desde hacía rato, poder entrar en el cementerio.
- Ya era hora.
- Perdona mujer es que he tenido avería en el coche...
- El coche, el coche, al final vamos a ir en coche hasta al retrete...
El sepulturero sujetó las puertas a los muros para que no se cerrasen y se dirigió a la oficina, encendió el ordenador, guardó dos libros de registro que había dejado sobre la mesa la tarde anterior y se fue a orinar.
Se estaba subiendo la cremallera cuando le pareció oír gritos. Salió al exterior y entonces los escuchó con claridad, venían del interior del cementerio. Se encaminó hacia dentro del recinto y casi tropieza con una de las mujeres que salía gritando como si hubiese visto al diablo.
- Pero mujer, ¿que te ha pasado?, ¿A que viene este alboroto?...
- ¡El muerto la ha matado!, ¡el muerto la ha matado!...
Siguió andando hacia el patio de los cipreses y entonces vio el bulto, al principio no supo muy bien lo que era, hasta que al acercarse se percató de la macabra escena. El nicho había sido abierto, lo mismo que la caja. Al lado, en el suelo, había una mujer muerta, con medio cuerpo sobre el difunto, y con un billete de lotería en su mano izquierda. El difunto tenía los ojos abiertos y una mueca en los labios que parecía una sonrisa, asimismo tenia sobre la mujer sus dos brazos como si la sujetase, abrazándola.

Eduardo Azaustre Mesa
Alcaudete, septiembre de 2008

El avión vacío








Historias para no dormir en Alcaudete

Abrió solamente un ojo, el derecho, y miró por la ventanilla. Todo estaba blanco, un blanco níveo, no se veía absolutamente nada y volvió a cerrar el ojo. El ruido de los motores era suave e invitaba a dormir, pero pensó que había dormido bastante. Siguió con los ojos cerrados. Paladeó varias veces comprobando que tenia la lengua seca, se debía haber dormido durante el vuelo... ¿que vuelo? Abrió de golpe los ojos y efectivamente estaba en un avión, ante sí el pañito del asiento de delante con las siglas de KLM, ¿que hacia él en un vuelo de las lineas holandesas?, ¿iba o venía? Volvió a cerrar los ojos. Recapituló y se dio cuenta de que no recordaba nada. Permaneció quieto y con los ojos cerrados pensando en lo que había hecho la mañana anterior..., nada que no se acordaba... -Bueno, no pasa nada- se dijo, -ya me acordaré estaba profundamente dormido y me he despertado de golpe...
Había oído decir que a veces se padece una amnesia temporal por la causa más nimia y el que nunca le hubiese pasado no quería decir que no le iba a ocurrir a él y ¿cómo sabía que nunca le había ocurrido?
Pues... -Por la misma razón de que me llamo Leo- dijo y al mismo tiempo dirigió su mano derecha al bolsillo del pantalón. Si, allí notaba el bulto de su cartera. Era difícil sacarla con el cinturón del asiento abrochado, así es que abrió los ojos y se percató de que la indicación de abrocharse los cinturones estaba apagada, se lo soltó y sacó el monedero del bolsillo abriéndolo de inmediato. Casi se le cae el resguardo de la tarjeta de embarque..., vuelo KL2465, de Amsterdam (Schiphol)-Madrid, asiento 12F ventanilla. Lo guardó y se quedó mirando su DNI, Leoncio Luque López, soltero, nacido en Alcaudete el doce de mayo de mil novecientos treinta y ocho, o sea setenta años de edad... pues claro, qué tontería, ya se acordaba -Las tres eles, el lelo loco que me decían en el cole...
Cerró de nuevo los ojos. Sí, ya empezaba a recordar vagamente, el mostrador y la azafata en Amsterdam, la tarjeta de embarque y las dos figuras de bronce que tuvo que sacar de la maleta a facturar. Se pasaba en casi dos kilos y le querían cobrar casi noventa euros, menos mal que las pudo acoplar en el equipaje de mano...- Debería beber algo, tengo sed...en cuanto vea a la azafata...
Se guardó el monedero en el bolsillo y miró a su izquierda.-No hay nadie- Efectivamente, los dos asientos a su lado estaban vacíos y al otro lado del pasillo más de lo mismo. Se puso en pie y quedó estupefacto, todo el avión estaba vacío, parpadeó con insistencia y una sonrisa se le heló en la boca.-¿Será posible?¿Como puede estar vacío si recuerdo...?¿o no?

Salió y se colocó en medio del pasillo, delante y detrás, nadie... Comenzó a caminar hacia la parte de atrás y se detuvo ante la puerta del lavabo.- Señorita...,azafata..., ¿me oye?...- Allí no había nadie. Entró en el lavabo y pulsó el grifo. El agua no sabía bien pero tragó varias bocanadas..., se miró en el espejo y se peinó con las manos húmedas ... -Ahora cuando salga, todos estarán en sus asientos..., todo esto es una alucinación, ¡seguro!- Ahora recordaba las palabras del piloto al despegar, primero en holandés, después en inglés y por último en un español bastante bueno... “ Les habla el comandante Matthiessen,viajamos con un tiempo excelente hacia Madrid-Barajas a bordo de un Boeing 737 de KLM, realizaremos el vuelo a una altitud de 40,000 pies, para que entiendan unos doce kilómetros, la velocidad será de novecientos kilómetros por hora y tardaremos unas dos horas y media en....”
Salió al pasillo. El avión seguía su marcha y no se veía a nadie en el interior del aparato. Se volvió a asomar por una ventanilla y ... nada, el blanco más blanco y luminoso. Lentamente fue avanzando hacia la cabina de los pilotos, fila 12, 11, las cortinas de separación con clase Business, fila 10, 9 ..., y la puerta de cabina. Tocó tímidamente primero y después con más fuerza, puso la mano sobre el picaporte y abrió. Allí no había nadie. Los paneles de lucecitas estaban encendidos y desde luego el avión estaba en marcha, aunque por las ventanas frontales sólo se veía el mismo blanco cegador. De pronto sintió que tenía alguien detrás, se giró y allí estaba ella, la azafata de KLM con su sonrisa eterna y con un cutis tan transparente que casi se le veían los huesos de la cabeza y en sus manos un catavinos con vino de Jerez...




-¿Quiere tomarse la copa o nos vamos ya...?
... Entonces lo entendió todo.

Eduardo Azaustre Mesa
Alcaudete, septiembre de 2008

La paloma


Historias para no dormir en Alcaudete

Al salir de casa la sed le hizo entrar de nuevo para tomarse un vaso de agua casi lleno. Eran las ocho y media de un buen día del mes de Mayo. La primavera había sido larga y aún no se notaba el calor. El sol lucia en un cielo azul intenso y a Remigio le pareció que la luz que llegaba a sus pupilas era demasiado intensa. Nunca usó gafas de sol y no las iba a usar ahora a la vejez, así es que engurruño los párpados al enfilar la calle del Carmen y sin prisa se encaminó hacia la Muralla.
Imbuido en sus pensamientos, saludaba a regañadientes a los que encontraba al paso. Su hija Eulalia le llamó por teléfono la noche anterior y había vuelto a la carga como siempre.
-Padre, que usted no está en edad de estar solo. Que yo entiendo que no le guste Vic, pero usted ha de comprender que está delicado y desde aquí, yo no puedo hacer nada. El Parkinson le va deteriorando poco a poco y usted no se da cuenta pero un día va a caer por esas calles, que usted no se está quieto y el bastón lo tiene de adorno detrás de la puerta… Además está la diabetes, y a usted no hay quien le quite el vasillo de vino…
Remigio no tenía interés ninguno en aceptar esta discusión y sabía que antes o después la iba a perder. Un día aparecerán en su casa y no tendrá más remedio que ceder y dejarse llevar. Había estado muchas veces en Vic, y el caso es que le gustaba, la plaza con su mercado de los sábados, las callejas del centro, los buenos establecimientos, los escaparates de las charcuterías… Pero allí no conocía a nadie y su hija trabajando en el matadero todo el día, los nietos en sus estudios, que no los veía nada más que por la noche…, y el malafollá de su yerno que no le daba palique más que lo imprescindible. Decididamente cuanto más tarde mejor.
Al llegar a la altura del Más y Más, frenó el paso y se detuvo un poco en la puerta del Torero, conteniendo las ganas de entrar a pedir un poco de agua.
-Maldita sed, que parece que cené anoche ranas…
La luz del sol en Los Zagales le obligó a entornar aún más los párpados, al otro lado de la plaza, en los bancos frente a Viajes Sacromonte estaba Eusebio y Paco, también le pareció ver al Cándido, pero no le apeteció acercarse, así es que pasó por detrás de la gasolinera y se dirigió al parque.
Pasó a la acera del Iberplús para evitar en lo posible la claridad y con paso decidido se puso ante el escaparate de la ferretería. Siempre se paraba ahí, le gustaba mirar las cajetas apiladas de los pequeños electrodomésticos que se veían. Luego bajaba los escalones con dificultad y seguía su marcha.
El agua del cañillo ante la caseta Quinto Centenario calmó su sed y después se sentó en el banco más cercano.
Siempre que se sentaba allí se acordaba de su Eulalia, la madre y la hija. La madre, su esposa que ya había muerto seis años atrás y que le acompañaba casi siempre en sus paseos y su hija, su Lalita..., recordaba cuando la niña era pequeña y entre los dos la enseñaron a montar en bicicleta. Parque arriba y parque abajo, sujetando el sillín con una mano y el manillar con la otra.
-Lalita mira al frente y no tengas miedo que no te vas a caer…
Entonces eran jóvenes, la vida era mejor y ¡Que poco se imaginaba lo que la vida le tenía preparado! Intentó cambiar sus pensamientos y se fijó en dos o tres palomas que deambulaban por el centro del parque, una de ellas era macho y no paraba de hacerle el rondó a las otras dos, era bonito verlas, siempre le habían gustado, incluso le resultó molesto el oír por la tele al Almodóvar cuando dijo “… las palomas son como ratas que vuelan…”. Luego le tuvo que dar la razón, “…los asquerosos bichos te dejan los tejados hechos una guarrería y luego tienes que ir detrás de los albañiles para que vengan a arreglártelos y a limpiar las canales…”
Entonces se percató de que una paloma blanca en zona de sombra, le miraba fijamente, parecía más grande y esbelta que las demás, era como de porcelana, blanca, resplandeciente y bamboleando la cabeza sin perderle de vista. Dio dos o tres pasitos adelante, colocándose bajo la luz del sol. No eran figuraciones suyas, la paloma le miraba a él y solo a él, estaría a unos seis o siete metros sobre las grandes losas, de frente y con los rojizos ojos fijos en su rostro. Remigio miró a otro lado, no era cosa de permitir que una paloma le incomodase. Unos niños jugaban con el cañillo derramando un fino chorro de agua cerca de las palomas. Miró de nuevo y allí seguía, dos metros más cerca y con la mirada fija en él, se sintió incómodo y se habría levantado para irse si no hubiese sido porque un peso enorme le mantuvo pegado al banco. Apoyó las dos manos en el asiento e intentó alzarse, pero fue imposible...
La paloma seguía allí, más cerca aún y con la mirada fija. Sintió desazón y angustia, hasta que la vio alzar el vuelo, directa hacia él, hacia su cara, quiso apartar la cabeza pero no pudo. Las garras se apoyaron sobre su labio inferior y dos picotazos certeros le dejaron ciego por completo. Remigio perdió la consciencia entre la más completa oscuridad y el agudo dolor que le llegaba hasta la nuca.

El facultativo de Urgencias del C.H.A.R.E. (1) le pasó la mano por la frente.
-¿Cómo se encuentra, Remigio?
- La paloma, maldita paloma…
Entonces oyó la voz de su hija...
- Padre, no se mueva, que se va a soltar el suero.
- ¿Pero que haces tú aquí?
- Me avisaron que lo habían ingresado de urgencias, así es que cogimos el primer avión a Granada y…
- La paloma, maldita paloma…
- ¿Qué paloma padre? Por lo visto le dio un coma diabético y unos hombres avisaron…, ha estado usted tres días dormido, ahora lo que tiene que hacer es recuperarse, ya verá que todo va a ir bien…
- Pero si no veo nada…
- No se preocupe, poco a poco, todo se andará…
Mientras Remigio parpadeaba con insistencia, intentando ver algo más que una claridad difusa, oyó a su hija preguntarle al médico…
-
Entonces ¿no se sabe de que son esas heriditas que tiene en el labio inferior?…

(1) Centro Hospitalario de Alta Resolución.

El adalid (Julio 2008)


Historias para no dormir en Alcaudete

Cuando el automotor llegó a la estación de Alcaudete - Fuente de Orbe, los negros nubarrones que amenazaban durante la mañana, comenzaron a descargar gruesas gotas sobre el andén de la estación. Quico se subió las solapas de la americana del raído traje y cogió con fuerza el maletón de madera, en la otra mano llevaba la talega que su madre le había preparado con un buen trozo de pan, la cacerolilla granate con una tortilla de patatas y torreznos fritos, una almorzá de cerezas de la huerta, un trozo de queso envuelto en una servilleta a cuadros y un periódico de dos o tres días atrás.
En dos zancadas subió al vagón y se dispuso a encontrar asiento. Era la primera vez que viajaba en el automotor, las otras dos veces que subió al tren fue en uno con vagones de madera, de esos que se ven en las películas del Oeste americana perseguido por indios con plumas. Una vez a Jaén con el abuelo Justino para visitar al médico y la otra para ver la Semana Santa de Puente Genil.
Encontró asiento en un compartimiento que iba ocupado por una familia sevillana, escandalosa y con dos niños que no paraban.
- Estate quieto ¡mi arma!.
- Omá, el Curro me repite las cosas.
- No des chillios y ven pa cá que molestas a ese hombre.
Intentó permanecer al margen y no entablar conversación, nunca le cayeron bien la mayoría de los sevillanos, ese intento permanente por parecer graciosos y la superioridad que generalmente mostraban ante los demás le resultaba de lo más antipático.
Al pasar por el puente metálico le llamó la atención el gran rebaño de cabras que allá abajo intentaba pasar sobre el puente romano.
- Como siga lloviendo va a hacer daño en el olivar.- musitó entre dientes.
Los sevillanitos seguían dando morcilla y su madre no llegaba a controlarlos. Volvió a la contemplación de los olivares...

De pronto, allá a lo lejos, en un claro vio a un caballero medieval galopando hacia el tren sobre un caballo blanco o al menos eso le pareció.
-Es imposible- pensó.
Se fijó más conforme se acercaba. Era un guerrero con armadura y casco dorado, en la derecha portaba una gran lanza de torneo y en la izquierda un escudo arlequinado en blanco y negro, como la vestimenta del caballo, y encima una cruz roja con una calavera en el centro. La capa del caballo ondeaba al viento dejando ver las vueltas interiores de color morado y en el pecho del jinete destacaba otra cruz con calavera como la del escudo. El automotor seguía acercándose y empezaba a ver bien definidas las facciones del caballero, que se había subido la celada. Tenía una cuidada barba gris y una acerada mirada de ojos que parecían fijarse en él penetrantemente.
Esa mirada le inquietó tanto que hasta bajó la vista. Cuando volvió a mirar se dio cuenta que el caballero le hablaba..., ¿a él? ¿por qué? No le oía pero supo lo que le decía...
-Te espero aquí – el movimiento de los labios no dejaba lugar a dudas...- Te espero aquí.
Allí al lado de la vía se quedó mirándole fijamente, subido en su caballo mientras el automotor se perdía con destino a Linares – Baeza, para enlazar con el sevillano que le dejaría en los andenes de la estación de Francia en Barcelona.
Miró a sus compañeros de vagón como pidiendo confirmación a lo que acababa de ver pero no hubo lugar a preguntas, enseguida se dio cuenta de que no habían visto nada. Sacó el periódico de la talega y empezó a leer con la dificultad de quien no había ido lo suficiente al colegio de don Rafael Aldehuela.
- A...B...C... 15 de Mayo de 1963...su excelencia...el...caudillo...

Antigua estación de Alcaudete – Fuente de Orbe, año 2009.
El imponente Cadillac descapotable de color granate se aparcó junto a la estación bajo la sombra de un árbol. Don Francisco bajó del automóvil y se aproximó al andén, aquello no era ni sombra de lo que recordaba, las ventanas y puertas de la estación estaban tapiadas con petacas de cemento y en lugar de las vías estaba la Ruta Verde del Aceite.
- Buenos días- le dijeron dos caminantes, de esos que parecen caminar por razones de salud.
- Id con Dios- Les contestó.
Cuarenta y cinco años había tardado en volver. Se marchó con una mano delante y otra detrás y ahora después de una vida por fin había regresado. Cada vez que pasaba por Jaén destino a Granada le daba la idea de acercarse a Alcaudete..., pero nunca lo había hecho..., hasta ahora. ¡Cuantos recuerdos!, y ¡que lejanos en su memoria! Ya no le quedaba nadie en el pueblo, los que no emigraron poco a poco con él se habían muerto y su vida, ¡había sido tan complicada!, no le había permitido regresar nunca..., seis hijos, dos divorcios, la constructora, la inmobiliaria y ahora, desde hacía dos años, el cargo de Subdirector General de la Xarxa d'Infraestructures en la Generalitat de Catalunya..., ¡demasiado!, todo eso le mantenía ocupadas las horas del día..., y sin embargo allí estaba, como hacía más de cuarenta años.
Toda su vida en Alcaudete pasó por su mente y cuando miró el reloj se dio cuenta que el tiempo había volado, volvió al coche y se dirigió hacia el cruce con la carretera de Jaén para seguir su camino a Granada. No venía nadie así es que giró a la izquierda, pasó la salida hacia los Noguerones y entonces fue cuando lo vio, allí estaba el caballero de armadura y casco dorado, subido en su corcel blanco con la lanza en ristre y galopando derecho hacia su coche..., intentó esquivarlo pero no pudo...

La lanza rompió el parabrisas del Cadillac y le golpeó la cabeza con tal fuerza que se la atravesó hasta la nuca... y mientras moría tuvo tiempo para ver los labios del jinete que le decían – Ya sabias que te estaba esperando-.


Dos coches de la Guardia Civil, una ambulancia, el coche de los municipales de Alcaudete y una cola inmensa de vehículos hacían compañía a una escena dantesca. Casi en medio de la carretera y poco antes de llegar al cruce de la carretera de Córdoba a Granada, había un Cadillac descapotable con una fina vigueta de acero empotrada en su parabrisas y que se incrustaba en la cabeza del conductor.
Justo delante del imponente coche se podía observar a un inmenso camión con las puertas traseras del remolque casi abiertas, algunas viguetas se habían salido del conjunto de la carga pero solo una era la que había acabado con la vida de don Francisco.




El conductor del camión daba sus datos a un guardia civil de atestados bajo el gran logotipo de uno de los laterales del camión, donde podía leerse Transportes “El Adalid” Avda de los Templarios 14 +34 91 355 4563 CP 41016 SEVILLA y sobre este rótulo un espléndido dibujo a color de un guerrero con armadura y casco dorado, que en la derecha porta una gran lanza de torneo y en la izquierda un escudo arlequinado en blanco y negro con un cruz roja y una calavera en el centro. La capa del caballo, también arlequinada ha sido dibujada ondeando al viento, dejando ver las vueltas interiores de color morado.

Cantabria para “carrozas”

Lo que no viene en las guías


Hasta los que no la han visitado nunca, saben que Cantabria es una privilegiada región del norte de España y sin lugar a dudas merece por lo menos una semana de vacaciones. No pretendo explicar aquí lo que se puede encontrar en las informaciones turísticas o en los folletos de las agencias, sino que me ceñiré exclusivamente a contar mis propias vivencias y las informaciones adquiridas in situ.
Se trata de pasar una semana en un hotel de cuatro estrellas, que esté situado a orillas del mar y en el que aparte de un buen servicio encontremos un restaurante en condiciones. Pretendo recorrer Cantabria y disfrutar de la bella ciudad de Santander, para ello viajo con vehículo propio, no estoy dispuesto a hacer más de cuatrocientos kilómetros al día y procuro no coger el coche por la tarde.
Lo primero que hay que hacer es planear el viaje con bastante antelación, haciendo la reserva en temporada baja y echar en el equipaje un chubasquero y paraguas, por razones obvias.
Si salimos de Alcaudete después de desayunar llegaremos a Madrid al medio día, así es que parada y fonda; un buen hotel para pasar la noche es el Rafael Pirámides, situado cerca de la M-30 y con Metro, Cercanías y autobús en la puerta. Un paseo por el centro de Madrid, bocata de calamares y cervecita en los aledaños de la Plaza Mayor puede ser una buena manera de pasar la tarde y si no hay mucho sueño podemos asistir a los múltiples teatros o cines del entorno de Callao.
A la mañana siguiente salimos hacia la cornisa cantábrica por la autovía de Burgos, haciendo a nuestro aire alguna que otra parada para repostar, el coche o nosotros. Antes de entrar en Burgos cogeremos la autovía que va a Palencia -Valladolid y antes de recorrer una decena de kilómetros tomaremos la autovía del Camino de Santiago que va en dirección a León. En la salida que va a Osorno tomaremos dirección a Santander. Aún no está terminada la autovía A-67 pero ese es el mejor camino ya que a los pocos kilómetros está en pleno funcionamiento y ya no la dejaremos hasta llegar a destino. Reinosa, Torrelavega y las distintas salidas hacia las playas, en mi caso salida hacia Mogro, a 16 kilómetros de Santander, Hotel Milagros-Golf, frente a una ensenada en la que las mareas dejan dos o tres metros de arena cuando están altas o más de cien metros al bajar.
La comida en el hotel es extraordinaria en calidad y cantidad, o sea que a los dos día ya no somos capaces de tomar más de un plato y el postre. Un menú típico de cualquier día podría ser: de primero, ensalada de frutos del mar, garbanzos con gulas y langostinos, bacalao a la vizcaina o rulo de queso de cabra a la plancha con salsa dulce, a elegir, de segundo, Bonito fresco con tomate, dorada a la espalda, cordero al horno con guarnición, rape relleno de marisco o solomillo a las dos salsas de queso, a elegir, y para postres cuatro o cinco tipos de tartas, helados y fruta variada, aunque lo más socorrido después del atracón es el típico sorbete de limón con cava.

Para viajar por los alrededores y hacia Santander debemos tomar seriamente la opción del FEVE, el ferrocarril de vía estrecha que, amén de puntual, te lleva a todas partes por un precio inferior a lo que te costaría el parking en destino y te evita usar el coche. Todo el mundo sabe que no se debe perder Comillas o Santillana del Mar, que “ni es santa, ni es llana ni está en el mar” pero que es preciosa como pueblo medieval bien conservado, las cuevas de Altamira están al lado de Santillana y son visitables (excepto los lunes) en una reproducción muy lograda. Torrelavega es otro enclave a visitar los miércoles, día en el que hay Mercado Nacional de ganados. Impagable contemplar los charcos de leche que se forma en el suelo alrededor de las vacas en venta y observar al mozo que, cubeta en ristre, va de vaca en vaca aliviándole las ubres. Cerca del ayuntamiento me llamó la atención una pequeña escultura dedicada a ‘Mero, el barrendero’, realizada por Jesús González de la Vega.
Imprescindible es pasar un lunes en Potes, para recorrer su mercado semanal y visitar Santo Toribio de Liebana que está justo al lado y sentarse frente al "LIGNUM CRUCIS" mientras escuchamos canto gregoriano.
Otras visitas a no perderse es Castro Urdiales y San Vicente de la Barquera, en los dos extremos de la comunidad autónoma. Recorrer sus paseos marítimos y tomar unos pinchos en las tabernas del barrio de pescadores merece los dos viajes.
Los aficionados a los zoológicos, no estaría de más que visitasen el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, el recorrido se ha de hacer en vehículo propio pero yo lo he dejado “para más adelante”.
Si llegamos en FEVE a Santander deberíamos coger un autobús que vaya al Sardinero o a los jardines de Piquío y desde allí lo mejor es pasear hacia la Magdalena y luego descender hacia el puerto recreándonos en el espectáculo que ofrece la proximidad del mar y las casa de indianos entre jardines.
Al lado del puerto podemos tomar un barquito que hace el recorrido por la bahía de Santander, dura aproximadamente una hora y salen a las once y cuarto y a la una menos cuarto.
La Catedral de Santander es engañosa al visitante por su anodino aspecto exterior, pero se trata de una catedral medieval, el motivo de esta pobre apariencia ha sido las desafortunadas reformas que ha sufrido, sobretodo el incendio que ocurrió en 1941 y que obligó a reconstruirla.
Muy bello el claustro gótico, la tumba de Menéndez Pelayo, el conjunto de iconos bizantinos alrededor del altar mayor y muy interesante el templo inferior, llamado "Cripta del Cristo" que fue construido alrededor del año 1200.
Es obligado acercarse a la Biblioteca de Menéndez Pelayo y visitarla, aunque se puede prescindir de la visita al museo de Bellas Artes que está justo al lado.
Detrás del ayuntamiento está el mercado de abastos donde toda la planta baja está ocupada por los puestos de pescados y mariscos. Un espectáculo a no perderse, como el del Mercado del Este al lado de la Plaza Porticada, lleno de cafeterías, tiendas de delicatessen y galerías de arte.
Las corbatas de Unquera, las quesadas y los sobaos son los dulces por excelencia y que se ofrecen por doquier a los visitantes, pero ojo, hay que distinguir entre los que se hacen de forma industrial y los que se hacer artesanalmente.
Hablando de sobaos los mejores que nos pueden ofrecer de producción industrial son los de marca Serafina y El Macho, pero son maravillosos los que hace artesanalmente Salas Maryland una pastelería tradicional que se encuentra en la calle peatonal Burgos, hacia mitad de la calle y a la izquierda alejándose del ayuntamiento.

La exquisitez de estos sobaos es extraordinaria y los que los prueban quedarán encantados. Frente a esta pastelería hay una frutería de gourmets que tiene las cebollas moradas más bonitas que he visto en mi vida, pero a cinco noventa el kilo.
En la capital hay dos zonas de tapeo, en el barrio de pescadores y en el entorno de la calle Burgos, antes mencionada, la oferta de pinchos y pequeños bocaditos es muy grande, destacando las tortillas con boina, que son tortillas de patata cubiertas de todo tipo de exquisiteces y tapadas por una boina hecha de tortilla francesa.
El día de regreso hacia Madrid tenemos que tomar la salida norte de Reinosa en la A-67 y dirigirnos por la CA-171, en dirección hacia Corconte y parar en el pueblito de Orzales, a cinco kilómetros, donde hay dos panaderías casi juntas a pie de carretera, que compiten entre si, donde se hacen unas hogazas de pan y unas empanadas de chacina y de atún que quitan el sentío, hace mucho tiempo que no veía un pan de una cuarta de diámetro y que pesase un kilo exactamente.
Atrás se queda una bonita semana de la que me llevo más de quinientas fotografías en las que ha quedado “constatado” que he estado allí, cuando pase algún tiempo me gustará volver a verlas para recordar estos siete días de los que solo ha llovido escasamente una mañana.

¿Nos debemos replantear la capitalidad europea?

Una visita a Bélgica

En los primeros días del mes de Agosto de este año de 2008, tuve la oportunidad de visitar la preciosa ciudad de Brugge, en Bélgica, o sea la que conocemos con el nombre de Brujas y que paradójicamente no tiene nada que ver con viejas montadas en escobas, sino que, por lo visto, su nombre guarda relación etimológica con puentes, muelles o atracaderos.
Esta ciudad medieval, patrimonio de la humanidad desde el dos mil, está en el corazón de la parte flamenca de Bélgica, lo que quiere decir que su idioma es el neerlandés, que es con ligeras variantes el lenguaje de los holandeses. Para el turista pueden pasar desapercibidas multitud de cosas, ya que uno va a su bola, a ver museos, a callejear, a beber cerveza y a “constatar”, camara digital en ristre que uno ha pasado por allí. Pero he aquí que dejándome llevar por mi inclinación a los libros, me paré ante un escaparate en donde encontré propaganda política, entre otras, de vascos, catalanes y gallegos y me pregunté cual podría ser el motivo de semejante cobertura a estas reivindicaciónes de regiones, perdón naciones, de la peninsula ibérica en tierras flamencas.

Para analizarlo hay que conocer un poco al pueblo flamenco y a eso voy con este escrito. Bélgica está formada por la unión de los Valones y los Flamencos, dos comunidades que se unieron para librarse del dominio de los Holandeses y que desde un principio conservaron sus respectivos idiomas (los valones son francófonos o sea que hablan francés).
Pero poco tiempo les duró “el llevarse bien” ya que hay múltiples testimonios, a lo largo de su historia, de su falta de entendimiento: “...El 18 de mayo de 1302, tras haber sido expulsados de sus hogares para poder acoger las tropas del ejército francés, el pueblo de Brujas volvió a la ciudad, instigados por Jan Breydel y Pieter de Coninck, y asesinó a cualquier francófono que lograron encontrar. Cuenta la leyenda que identificaban a los franceses haciéndoles pronunciar la frase “schild ende vriend” (escudo y amigo), una frase muy identificativa por la pronunciación de los habitantes de la región. Al parecer, los franceses tenían muchas dificultades en pronunciar el sonido [sch] de schild. Dicha masacre es conocida como los Maitines de Brujas...”
Siempre han estado a la greña, y cada vez es peor, de modo que en la actualidad están a pique de separase para formar dos estados diferentes y ¿por qué no lo hacen? Pues muy sencillo por Bruselas, o mejor dicho por la cantidad de millones que todos los europeos le endosamos a Bruselas, que es la capital de la Comunidad Económica Europea. Y me pregunto yo ¿como es que los europeos hemos fijado nuestra capitalidad en una ciudad, capital de Bélgica, integrada por dos comunidades que se llevan fatal? Mal se defenderán ahí los intereses de la Unión Europea, cuando a ellos mismos no les interesa estar unidos. ¿No sería mejor replantearse la capitalidad europea y adjudicarsela a un pais con vocación unionista?
Si uno sabe francés más vale que no lo hable en cualquier ciudad flamenca ya que le mirarán mal y hasta puede que no le contesten.

Para poner un ejemplo de su cerrazón solo hay que observar que las matrículas de los coches procuran evitar los símbolos comunitarios, como es la bandera azul con las estrellas. Ahora bien los millones de euros que entran en Bruselas, eso si que les interesa y ese y no otro es el motivo de que no se hallan separado definitivamente, ya que tanto los valones como los flamencos desean quedarse para sí a Bruselas y la “pasta” que ingresa.
Si alguna vez me sentí nacionalista se me curó leyendo y viajando, pero eso no es problema para que yo no respete cualquier forma de pensar, allá cada cual, lo que me molesta es la doblez y el egoismo, la gente que solo mira su interés, sin menoscabo de pisotear los intereses ajenos.



Alguien me ha dicho que el surrealismo belga no murió con René Magritte. Vive más intensamente que nunca. De alguna manera todo el país tiene un toque surrealista o simplemente belga. Flandes, que tiene más alto desarrollo económico, dice que no quiere "mantener" a Valonia. Pero eso si, le interesa quedárse con Bruselas, que es la gallina de los huevos de oro, aunque allí se hable solamente francés.

04 agosto, 2006

Martinillo "el Careto" un niño del siglo XVI


Martinillo “el careto” (I)

La Picota Alcaudete 1559


Estaba hipando, acababa de subir corriendo por la Barrera e intentaba recobrar el resuello y la compostura apoyando sus dos manos, justo encima de las rodillas.No podía seguir aunque quisiera, una procesión de clérigos con las capuchas caladas estaba desfilando calle abajo hacia el Arco de la Villa. Secó el sudor de su cara con la bocamanga de la camisa y cuando pudo, cruzó el anchurón ante Santa María, donde algunos artesanos recogían sus puestos y enseres.

Ya hacía rato que el sol se había ocultado por los cerros de Luque y de seguro que el ama le daría una buena regañina.

-Antes de que el sol se oculte, te quiero en casa ¿entendiste?.

-Si ama, aquí estaré.

Pero no iba a ser así, había estado jugando con el Pecas, Lagarto y Tonelete en las huertas de la fuente Amuña y aunque venía con tiempo se entretuvieron en demasía cuando al pasar por los Zagales, vieron a unos soldados que colgaban a dos ajusticiados en la picota que había frente a la fuente. Entre un grupo de curiosos y un rebaño que abrevaba, estuvieron observando cómo sacaron a los muertos del carro y después de pasarles una soga bajo los brazos, que tenían atados a la espalda, los colgaban de los salientes de la columna.

Allí se despidió de sus amigos cuando se percató de que la anochecida se echaba encima.

Martinillo era un niño valiente y revoltoso, pero con una gran curiosidad y ganas inmensas de aprender y enterarse de todo. Vivía solo con el ama en una pequeña casita a la falda del palacio de los señores condes, en el pequeño callejón de las Mimbres, aledaño a la calle de subida al palacio y pegado a la casa del hidalgo don Ramiro Setienne. Su ama era toda su familia, pero no tenía ni idea del parentesco que le unía a ella, sus amigos tenían padre y madre o por lo menos uno de los dos, pero él vivía con una anciana de edad indefinida que le cuidaba y se esforzaba en que se portase lo mejor posible.

Después del tirón de orejas y la retórica de la anciana, dio buena cuenta de un mendrugo de pan que acompañó con un trozo de entreverado de jabalí demasiado salado y un jarrito de agua. La anciana siguió con su monserga durante toda la cena y Martinillo la miraba asintiendo con la cabeza y enterándose a medias de las razones por las que debería ser más obediente.

Al rato cuando pareció que la cosa estaba apaciguada le dijo al ama:

-Ama, ¿puedo ir a “lo de don Ramiro”?

- Bueno… pero que no tenga yo que ir a por ti.

Salió a la calleja y al volver la esquina se apoyó en el quicio de la puerta del hidalgo. Siempre hacía lo mismo, se colocaba ahí y esperaba a que don Ramiro se percatase de su presencia, la puerta entreabierta dejaba ver el interior de la sala. Allí estaba el hidalgo sentado a la mesa, hojeando un grueso libro de hojas amarillentas y arrugadas que brillaban a la luz de las palmatorias.
- Pasa “Careto”- le dijo don Ramiro.

Apodaban “Careto” a Martinillo porque desde que nació tenia una mancha en la cara de color carmín azulado que se extendía por la parte inferior de su mejilla derecha y llegaba hasta la mitad de la nariz.

-¿Dónde has estado hoy?

Martinillo le contó sus juegos en la fuente y el espectáculo de los ajusticiados, percatándose en ese momento de la dificultad que tendría esa noche para conciliar el sueño sin tener pesadillas.

Don Ramiro lo escuchó con una media mueca en la cara y con parsimonia le dijo:

-Bien, a partir de mañana irás a recibir instrucción de fray Servando, dile al ama que venga luego a hablar conmigo y a ver si tenemos suerte y hacemos de ti, una persona de talento.

-¿Don Ramiro, por qué no me cuenta una de sus historias?

-Para historias estoy yo, pero siéntate ahí que te voy a dar algo.

Y siguió el hidalgo hojeando el libro, como si Martinillo no estuviese presente.

Don Ramiro era un anciano de porte, enjuto de carnes y muy alto, el hombre más alto que Martinillo había visto en su vida. Había venido de fuera de España, y hablaba de una forma diferente a como se hacía en Alcaudete. Vestía de negro siempre, con gola sencilla y media capilla, tocándose con un gorro diferente a todos los que había visto. Trabajaba en palacio y debería ser de la confianza de los señores condes, ya que los soldados le hacían reverencia a su paso, se apoyaba para caminar en un bastón que era tan alto como Martinillo y su paso era cadencioso y elegante como si nunca tuviese prisa. Había estado en Tierra Santa y había pertenecido a la Orden de Sión, cosa que de seguro, debía ser muy importante y de lo que no hablaba casi nunca.

Después de un buen rato, cerró el libro, haciendo que el polvo se esparciese ante la llamitas que iluminaban la mesa. Se levantó y lo colocó sobre un bargueño que había en la estancia, después, sacó un lío de tela de un baúl y lo situó sobre la mesa.

- ¿Cuántos años tienes?

- El ama dice que once, don Ramiro.

-Bien, pues ya va siendo hora que sepas algunas cosas.

El hidalgo, había deshecho el hato y de él extrajo entre otras cosas un retrato, hecho sobre una lámina de cobre, en el que se veía una hermosa mujer, se lo puso en las manos al muchacho y le dijo:

- Esta era tu madre, murió en el momento de traerte al mundo y como puedes comprobar era muy joven y muy guapa.

Martinillo se quedó de una pieza, miraba de forma hipnótica el retrato y no daba crédito a lo que don Ramiro le decía.

-¿Y mi padre?

Don Ramiro le miró fijamente y después de unos instantes de silencio le dijo:

-Eso lo sabrás en su momento, por ahora te basta con lo que estás viendo y te puedes llevar el hato completo ya que todo lo que contiene son cosas de tu madre…Que te lo guarde bien el ama.

El muchacho anudó el liote y poniéndose el retrato bajo el brazo, trincó el hato y salió hacia la calle sin decir ni adiós.

-Ve con Dios rapaz.- Dijo el hidalgo con una sonrisa- Ya tienes en que pensar esta noche, que no sean los que cuelgan de la picota.

Continua en http://martinilloelcareto.blogspot.com

04 mayo, 2006

Dos floreros pintados al óleo en el año 2000


El amante


El tenue polvillo del maquillaje acababa de disimular las ojeras que el espejo del tocador le devolvía. No había pegado ojo en toda la noche. Salustiano, su marido, se quedó como un leño al apoyar su cabeza en la almohada. No le dio opción. Durante la cena pensó en contárselo al acostarse, pero así era mejor, le dejaría una nota por la mañana.
- Salustiano, lo siento, mi vida contigo no tiene sentido, me voy, no te preocupes de mí, me marcho, voy a empezar una nueva vida, nada nos ata, que seas feliz. Yo lo voy a intentar de nuevo-
La nota, escrita nerviosamente en la carpetilla que dan en las agencias de viaje al comprar un billete de avión, estaba ante sus ojos. -Así está bien-. ¿Para qué más explicaciones? Todo le importaba un comino, estaba cansada de la rutina de su vida, seguro que Juan también estaba hastiado, su relación iba mal desde no sabía cuando. Había que dar el portazo. Cuando Juan Carlos le pidió que abandonase esa vida sin alicientes, tardó poco en decidirse.
A Juan Carlos lo conoció en los salones parroquiales, era del pueblo y lo conocía de vista pero no tenía idea de su encanto hasta que pegó la hebra con él. Su mirada era limpia, sonreía con los ojos y su boca era ¡tan seductora!. Se quedaba extasiada oyéndole hablar y miraba la comisura de sus labios limpios y brillantes, sin esa pastosa espuma blanca que casi siempre tenía Salustiano cuando articulaba unas palabras. Un paseo por el parque y unos cuantos tintos de verano a la salida de la reunión de Cáritas habían sido suficientes. De ahí al primer contacto amoroso en una pensión de la capital, sólo había pasado un mes. Si el séptimo cielo existía, se encontraba entre las sábanas de aquella habitación, El escalofrío de sus besos en la nuca, el susurro de sus palabras de amor al oído y la calidez de sus caricias le hacían estremecerse de placer al recordarlo.
Alguna amiga había reparado en la carita de gilipollas que se le quedaba.
-¡eh, despierta que te estás quedando traspuesta, ¿En que piensas?
- Nada,… pensaba-.
La decisión estaba tomada, se marchaba con Juan Carlos a Rótterdam, hasta estaba dispuesta a aprender holandés. Todo sería nuevo e ilusionante, estaba segura de que sería feliz, ya era feliz.

* * * * *
La azafata se acercó con una sonrisa, interrumpiendo los arrumacos que Juan Carlos le dedicaba,
- Por favor, abróchese el cinturón, vamos a despegar-
Sonrió y le contestó mientras cumplía la orden de la azafata
- Señorita, ¿nos podrá acercar un par de benjamines cuando estemos arriba?-
Por supuesto ¿recién casados?
-Así… así-
El vuelo pasó en un suspiro, nada era necesario ni urgente, todo estaba al margen, nada era más importante que contemplar, escuchar, acariciar y sentir a Juan Carlos. La azafata les obsequió con unos bombones después de servirles el champán y durante todo el viaje les observó desde la cortina entornada de la clase bussines.
El amor siempre es un espectáculo a no perder y la azafata sonreía contemplando a la feliz pareja. Su mirada se cruzó con la de ella varias veces y se devolvieron sonrisas de complicidad.
Al salir del avión cogió el antebrazo de la azafata para decirle:
- Adiós…soy feliz
- Adiós, no hace falta que lo digas-.
La azafata les vio perderse por el corredor arrastrando sus trolleys y abrazados por la cintura.
* * * * *
-Hola mi amor- La azafata estaba acodada junto al ventanal de la terminal, aviones iban y venían bajo el plomizo cielo de Rótterdam. Se oía fatal, debía cambiar de móvil … en cuanto volviese a España lo haría.
Estoy deseando verte, mañana vuelvo a Madrid y tendré tres días libres,
-¿Me quieres?- Uhmmmm -……………-
- ¿has hablado con tu mujer?
- Me dijiste que lo harías,……………-
-¿Qué te ha dejado una nota ella?,……………-
-Mejor así.
- Te quiero Salustiano, no puedo vivir sin ti, estoy deseando abrazarte, en este vuelo he conocido a dos enamorados…ya te contaré, te quiero mi amor.


* * * * *

Los pasajeros van y vienen, arrastrando sus equipajes y sus vidas, afuera, los aviones traen y llevan y entre las nubes aparecen tímidos rayos de sol que presagian un cambio en el tiempo.

25 abril, 2006

Óleo sobre cartón entelado (2001)

Oleo de Eduardo Azaustre Mesa Bodegón manchego

Apunte a grafito,(1983)

dibujo de Eduardo Azaustre Mesa Estudio de manos para un retrato

Homenaje a José María Tobaruela


José María Tobaruela o Josito-María, que así es como siempre lo he llamado, era como de mi propia familia, su íntima amistad con mi padre le sitúa en mis recuerdos más lejanos, con su sonrisa torcida, su pelo espeso y engominado, bien peinado hacia atrás y con sus ojos achinados y un poco hinchados.
Casi siempre lo veía durante los veranos, que era cuando más veníamos. Eran las vacaciones y solo en muy contadas ocasiones me trajeron mis padres por Navidad o Semana Santa..
Con su blusa de pijama recién planchada y una moña de jazmines en la solapilla, al igual que su padre Juan Ramón, paseando por el parque o tomando un chatito de vino con sus amigos en “lo de Fernandillo”.
Muchas tardes era yo, de niño, el que llevaba, a la tienda frente al Carmen, el paquetillo de jazmines que preparaba mi abuela Pilar, para que se hiciesen las moñas. Allí lo encontraba, pegando la hebra con alguno de sus múltiples amigos, sobre el entarimado húmedo por los continuos riegos que Juan Ramón o Josito hacían para crear algo de fresco en el local.
- Dile a tu padre que te traiga la Semana Santa.- y sacaba de la trastienda un viejo capirote, que me ponía en la cabeza para hacerme sentir nazareno, mientras con la voz, hacía el repique de tambores. Me contaba historias de las procesiones y me enseñaba a desfilar como un romano. La Semana Santa para mi era más de oídas que de vivencias, en realidad vine de niño un par veces y nunca me vestí de romano o de nazareno en ninguna procesión. Así es que en los veranos era cuando yo desfilaba, en la casa donde hoy vivo, tocado con un gorro y plumero de papel, realizado con un ABC antiguo, un trozo de paño rojo, atado al cuello a modo de capa, un escudo de cartón y una espada de madera, que me suministraba Antonio Ruiz, a hurtadillas del jefe de la carpintería, su hermano Paco, que no estaba para perder el tiempo en niñerías. Pocas veces vine a ver las procesiones, pero los recuerdos son imborrables y en el centro de todos ellos está la figura de Josito, vestido de los Dolores, al mediodía del Viernes Santo, en la calle Carnicería, parando a la Virgen en mi puerta y alzándome en brazos para que la viese bien.
Al principio de los setenta, yo venía unos días de vacaciones en Agosto, a ver a mis padres y en más de una ocasión nos fuimos Josito, Juanito Espejo y mi padre, acompañados de mi mujer, a tomar vinos y tapas por Luque y Zagrillas. Íbamos en un R-8 azul que yo tenía y regresábamos cargaditos y bastante tarde, para desespero de mi madre.¡Anda que no disfrutaba Josito llevándonos aquí y allá a tomar unos vinos!
Durante los ochenta, yo vivía en Jaén y procuraba venir en Semana Santa, sobre todo, el Jueves y Viernes Santo. Entonces fue cuando cumplí a través de mis hijos, la ilusión de vestirme de romano. Les compré sendos trajes y los puse a desfilar tras Jesús y delante de la Virgen de los Dolores. Tengo una película en superocho, que rememora el día y donde se ve la procesión, pasada la muralla, poco antes de llegar al Hidalgo. Yo, con mi mamotreto de cámara de cine, mis hijos con sus gafotas, vestidos de romanos, en medio de una mini centuria de ilusionados enanillos y Julián Porras subido en su Vespa, parado frente a Salelles diciéndome -¿Qué, Eduardito, romaneando, eh?
Ese día Josito, que iba de nazareno, se acercó varias veces hasta donde yo iba con mis hijos, dejando la proximidad al trono de los Dolores, para participar de mi ilusión y la de mis hijos.
Recuerdo los abrazos que se daba con mi padre, abrazos con paliza incluida en la espalda de cada cual. Así nos abrazamos Juanito, su hijo, y yo cada vez que nos vemos.
Cuando decidí venirme a vivir a Alcaudete, en el 2000, él fue uno de los que más se alegró de mi decisión y fueron muchas las tardes que me los encontraba a los dos, el matrimonio, agarrado el uno al otro, al regreso de su paseo. En uno de esos paseos encontró la muerte o la muerte lo encontró a él, frente a Salelles y al Hidalgo, donde la película de super-ocho.
Es curioso, la última imagen que me ha quedado de Josito es en la Velada, anterior a su muerte, yo iba a ver las carrozas a eso de las doce de la noche y estaba sentado junto a su mujer, en el poyete que hay al lado de la explanada donde se aparca la romería, allí me quedé a hablar con él, apoyado en la señal de prohibido el paso y perdí el interés por ver las carrozas.
No se en qué canción oí aquello de “…estamos vivos mientras alguien nos recuerda y habla de nosotros”, si es así, tú estarás muy vivo, mientras estemos en este mundo todos los que tuvimos la fortuna de conocerte y quererte. ¡Que Dios te bendiga Josito María!

21 abril, 2006

Retrato al óleo (años 70)

El tio Pedro por Eduardo Azaustre Mesa
Tio Pedro el pescador

A vueltas con el aceite. LA VENTA

Una cosa es vender y otra es despachar. Digo esto porque cuando vamos a comprar algo, algunas veces, lo compramos a pesar del vendedor y no porque éste haga nada por facilitar la venta, es decir nos han “despachado”.
¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación, de que nos estaban haciendo un favor al realizar una compra?
Decimos: Con mi dinero voy a donde quiero. Es cierto, pero a veces, “tragamos” con un mal servicio a la hora de la compra, aunque también es cierto que acabamos por no comprar donde no nos atienden bien.
Ahora que tenemos Comercializadora, y parece ser que se está profesionalizando el sector de la venta del aceite de oliva, puede ser que empiecen a unificarse criterios de venta y se comience a atender al comprador como debe ser.
Entre cooperativas y almazaras privadas, hay en Alcaudete siete u ocho. Su fin primordial es vender el aceite que han obtenido de la molturación anual. Una parte de ese aceite se vende en los despachos y a empresas que ajustan los precios, exigen condiciones de pago y plazos de entrega. Todo esto se respeta a ultranza por aquello de que el cliente siempre tiene razón y es el que a fin de cuentas aporta el deseado dinero.
Otra parte del aceite se vende a particulares, a quien generalmente se le cobra más por litro que a las poderosas empresas que hemos mencionado en el párrafo anterior. Esta venta que se hace a particulares, no es nada despreciable y cada vez es más importante. Siempre se ha dicho que lo ideal es vender del productor al consumidor y no a través de intermediarios, pues bien estos particulares son consumidores finales del producto y si están contentos con él, hablarán muy bien de nuestro aceite, dando lugar a la publicidad “boca a boca”, baratísima y más efectiva que ninguna otra.
No se trata de influir en los compradores particulares sobre la bondad de nuestro aceite, de sobra saben ellos lo bueno que es. Algunos hacen un montón de kilómetros para comprarlo.
De lo que se trata es de atenderlos bien, y aquí es donde no actuamos todo lo bien que sería de desear. No voy a hablar de todos los que venden aceite, solo voy a poner unos ejemplos de la disparidad de criterios que se siguen a la hora de vender aceite. Además no voy a identificar los puntos de venta para que nadie se me moleste, así es que llamaré a las almazaras o cooperativas como “punto de venta”.
En uno de los puntos de venta, hay casi todo el año un solo empleado, que hace multitud de funciones, y que es el encargado de vender el aceite a los particulares que se acercan a esta almazara. Ya es complicado e incómodo ir a este lugar, sin señalización ni letreros indicativos y por un camino que pone en riesgo nuestros amortiguadores. Pero no podemos decir que nos atienden mal, la simpatía de este empleado y su buena disposición, hace fácil la compra, nos pide que abramos el maletero y deposita en él las cajas que previamente le hemos pagado en la oficina. (Nos consta que en algunos otros punto de venta se sigue el mismo proceder).
Hay otro punto de venta que tiene un buen servicio para el comprador local, este es el reparto domiciliario en el pueblo. Llamas por teléfono y un día a la semana hacen entrega domiciliaria del aceite encargado.
Pero también hay otro punto de venta que es otro cantar, el acceso es fácil y la cercanía al pueblo hace atractiva la compra, pero donde se falla es en la venta.
La oficina es grande, hay varios empleados pero cuando entras en ella se echan de menos esas cafeterías de Madrid en donde al entrar te dicen los camareros “Buenas tardes señores pasen al fondo que enseguida les atiendo…”. Aquí nadie se mueve, y nosotros al ver que no se nos hace caso alguno, nos dirigimos a la primera mesa que vemos y decimos como pidiendo perdón, ¿venden aceite? Y nos contestan ¿Cuánto quieren?
Después de indicar la cantidad en litros, nos interesamos por uno que compramos la vez anterior, le decimos el nombre de marca del aceite en cuestión y nos contestan:
-Si, esa es nuestra marca-
Si, si -contestamos- pero era mas caro que el que comercializáis con esa marca.
Ah vale, entonces son tantos euros.
Pagamos nuestras tres cajas de garrafas de cinco litros y nos quedamos a la expectativa hasta que nos dicen.
Ahí tiene una carretilla y el que usted quiere son las cajas de la derecha, que aunque son iguales tiene un letrerillo en el lateral con su nombre.
Bueno, pues eso que agarramos la carretilla y ponemos una caja y nos vamos hacia la puerta, nos peleamos con la carretilla y la puerta para poder salir, llegamos al coche, maletero abierto, quince kilos a las espaldas y adentro. Volvemos a entrar y repetimos la operación dos veces más. Después entramos con la carretilla vacía y tímidamente decimos:
-¿Dónde dejo la carretilla?
-Ahí mismo-
-Bueno, ¡adiós!-
-¡adiós!-
Salimos afuera, nos sentamos en el coche y lo primero que decimos es -aquí no vuelvo-. Pero volvemos o ¿no?.
¿Será verdad que vamos a empezar a cuidar los detalles y a facilitar la venta o vamos a seguir en este plan tan poco amable? Todos saldríamos ganando si se mejora la atención al cliente.

27 marzo, 2006

Apuntes a grafito en Abril de 1981

dibujo de Eduardo Azaustre MesaLa casa de A. Lirola en la playa de Balerma.

dibujo de Eduardo Azaustre MesaLa Piedra del Moro, Balerma (Almería)

A vueltas con el aceite. EL GRADO


En el año1980, me fui a vivir a Jaén desde Cataluña, que era donde vivía por razones laborales, y tengo que decir que mi vida cambió en todos los aspectos. Entre las cosas que más me impresionaron, está el asunto de la leche. Si, como suena la leche de consumo diario, en los desayunos y meriendas de mi familia.
Venia por casa un lechero que tenía varias vacas, llegaba con su cántara metálica y su jarrillo de medio litro en la mano, dejando en la puerta del rellano del piso, un reguero de gotas de leche que siempre había que recoger con la fregona.
Esta leche, que vendría bautizada seguramente, era de una calidad extraordinaria, olía a leche y sabía a leche, como ya no recordará la mayoría de los lectores. Al hervir dejaba un dedo de nata amarillenta, con un sabor riquísimo que mis hijos disfrutaban untada en una rebanada de pan, espolvoreada con azúcar.
El caso es que por el 1985, empezaron a oírse comentarios de que por razones de salud, por higiene y por no se que más oscuras pretensiones, se iba a prohibir la venta domiciliaria de leche.
La venta directa del productor al consumidor se la cargaba de un plumazo la administración de aquella época.
Más de un año tardaron mis hijos en acostumbrarse a la leche de cartón, el precio subió y la leche bajó de calidad en picado. Al tiempo me encontré con el lechero por la calle y comentando el tema, me dijo que el también había perdido, se la pagaban más barata de como él me la vendía, y lo único que la central lechera le medía para aceptarla era “el grado”, (supuse que esto era una medida de control). Como a veces no daba “el grado” la leche de sus vacas, algún listo le dijo que con urea sube “el grado” de la leche y así me dio a entender que de cuando en cuando añadía urea a la leche, de la que tenemos más a mano los seres humanos. También me dijo que después de colar la leche y darle “un hervor” le quitaban todo menos el color blanco (grasa, nata, crema, etc.,) y que esa era la leche entera que yo compraba, porque de algún sitio tenía que salir la mantequilla y las natas para cocinar y montar.
Organizaron unas campañas publicitarias impresionantes, a las que han colaborado multitud de médicos ¿?, indicando que la leche des-cremada y semi-desnatada es lo “chachi”, le sacaron a la leche entera de cartón, lo poco que le quedaba y la siguen vendiendo con éxito.
Ahora creo que hay una leche que se presenta mezclada con fruta líquida, con Omega-3 ¿?, con vitaminas A, B y E, (supongo que se las añadirán en pastillas) etc., etc.
Por otro lado, con el jamón pudo pasar como con la leche, hace bastantes años, estuvo a punto de desaparecer el cerdo ibérico, importaron unos cerdos europeos, mas rentables según decían, y fue desapareciendo de casi toda España, menos de algunas zonas donde supieron defender y poner en valor lo suyo.
Hoy los productos ibéricos se cotizan por “su olor y sabor” y no por normas que no lo diferenciarían de los cárnicos generales.
A lo que iba, al aceite.
Imaginad por un momento que el olivarero pudiese vender su aceite puerta a puerta como aquellos lecheros, eso sería lo ideal, del productor al consumidor, sin intermediaros. Eso se puede conseguir (aproximadamente) con una comercializadora, pero en competencia con los aceites y marcas comerciales.
¿Habéis probado alguna marca comercial de esas que están en la mente de todos? ¿En la etiqueta dice Virgen Extra y seguro que pasa todos los controles, menos el de mi nariz y mi paladar, no huelen a nada y no saben a nada, sobre todo comparándolo con los aceites de nuestras almazaras.
¿Nuestra comercializadora va a mantener esta calidad?, ¿y le va a resultar rentable?, ¿o se va a dedicar a mezclar y mezclar (eso, si cumpliendo los controles) hasta perder el olor y el sabor?
Yo solo tengo un olivo de plata sobre el piano de mi casa, puede que sea el menos indicado para hablar del tema, pero soy un gourmet, enamorado del maravilloso y exquisito aceite de Alcaudete, tanto, que pagaría por su valor real, sin necesidad de subvenciones y lloraría su pérdida, como la de la leche.
A los italianos que dominan el mercado internacional, les resulta rentable comprarnos aceites a los andaluces, que mezclan con aceites griegos, turcos y tunecinos, mezclan con refinados, orujos y demás. Unos buenos químicos y catadores en plantilla hacen que ese batiburrillo de aceites sea comestible y pase los controles. Lo venden a más de seis euros la botellita (eso si, monísima) de tres cuartos y como en el caso de la leche le añaden “cositas”, por ejemplo, ajos, hierbas, etc., de todo menos el aceite bueno al que estamos acostumbrados por aquí.
El tiempo lo dirá, pero yo creo, y ya he dicho que yo soy el menos indicado para ello, que nuestro mercado ha de ser el de la calidad extrema y no aceptar solamente esos controles que miden por igual un aceite puro y virgen de nuestras almazaras y esos aceites comerciales que no huelen ni saben a nada, el secreto no está en parecernos a ellos sino en diferenciarnos, por la calidad que da el sabor y el olor.
Pero ya os he dicho que soy el menos indicado para ello.