17 enero, 2013

Paseando por mi corazón


Es imposible quitar de tu cabeza
lo que vive en tu corazón.

Ya sé que el corazón es una víscera que bombea sangre a todo el cuerpo..., pero ése no es el corazón del que voy a hablar. El corazón que me impulsa a escribir estas letras es el lugar donde habitan todos los seres a los que amo, es el sitio que contiene todos mis sentimientos, es el consuelo de mis penas y..., por supuesto está en mi pecho.
Mi corazón es virtual..., seguro. No cabría dentro de mi y..., ¡hay tanta gente dentro!
Su interior es cálido y tierno, sus paredes son blanditas y sensibles y si estás dentro de él, con tus manos puedes tocar el techo de mi corazón..., hasta su suelo es suave como la seda y mullido como el algodón. Tiene estancias, unas más grandes que otras..., y pasillos para circular por su interior, siendo mi propio sentimiento lo que ilumina todo el lugar con una luz íntima y tenue.
Dentro de mi corazón vive mucha gente, gente que no ha de quererme necesariamente, pero a los que de una u otra forma amo en mayor o menor medida..., incluso hay gente que tengo casi olvidada, que se han situado en un rincón de mi corazón, (como dice la canción “..., en un rincón del alma...”), pero que seguirán ahí mientras yo viva. Hay quien pasea por mi corazón y se dedica a arañar sus paredes o a patear sus rincones y …, claro, eso me duele. La mayoría de las veces me aguanto y lo “sufro en silencio”, aunque en contadas ocasiones han llegado a despertar en mi la suficiente ira como para forzarme a expulsar tan molesto inquilino.
Todos los habitantes de mi corazón tienen su lugar y la inmensa mayoría abrazan sus quicios y recovecos, besan sus paredes y descansan sobre su mullido suelo... Esa ternura que me dan, es mi consuelo y lo que alimenta la fuente de mis sentimientos.
Los protagonistas cotidianos de mi corazón fluctúan periódicamente, según mis recuerdos y mis propios sentimientos, pasan a primera fila o discretamente se retiran a rincones semiocultos.
Es entre esos protagonistas donde está la persona que más me ha amado en mi vida, quien me entregó toda su existencia y quien dedica todo su empeño en recordarme los maravillosos momentos que compartió conmigo.
Es quien me regaló los cuarenta y cinco años más extraordinarios que nadie pueda imaginar.
Es quien dejó para siempre en mi boca, el aleteo de mariposa de su beso.
Es quien fijó en mis ojos su última mirada húmeda y cálida.
Es quien puso en mi mejilla la más dulce caricia de su mano.
Es quien impregnó mi cuello con el aliento que acompañaba a su abrazo.
Es quien depositó en la yema de mis dedos, el poso de su piel.
Es quien ha conseguido que en mi oído perdure el sonido de su voz..., y en mi corazón...
Es quien, apoyada en mis recuerdos, sopla constantemente sobre el rescoldo de amor que dejó...
Hoy mi corazón está en paz y me siento afortunado de que sea portador de tanto amor y tanta gente a la que querer.
Si..., decididamente mi corazón es muy grande y en él cabes hasta tú, amable lector. Ahí tienes un lugar mientras yo viva y es igual que mueras o no, en mi corazón siempre estarás vivo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Soy una extraña. No te conozco. No tengo un hueco en tu corazón, porque no existo para él. Pero tu corazón ha conmovido al mío. Esa declaración de amor me ha generado la necesidad de decirte que la persona amada a quien está dirigido es muy afortunada por recibir, de esa forma, uno de los dones más bonitos y más escasos de estos tiemos que corren, el amor del amado. Enhorabuena por sentir lo que expresas.