06 abril, 2016

Ya hace cinco años

 Siete de Abril de 2011, hace cinco años perdi su mirada y hoy creo que es buen momento para rememorar mi última hora de amor con ella..., con mi Carmen, a la que amaré mientras viva.

La última hora de amor

En la entrada de la U.C.I. del Hospital de Motril, nos afanamos unas cuantas personas, en colocarnos unos patucos de plástico y una bata de color verde para visitar a nuestros seres queridos que luchan por sobrevivir.
Entro lentamente en la estancia y busco a mi Carmen. Localizo la aparatosa cama en la que yace dormitando levemente y con la respiración agitada.
Hace dos días que le quitaron los tubos del respirador y hoy han sustituido la mascarilla, que le aplastaba la nariz, por un tubito que le aporta oxígeno. Toco suavemente su mano derecha y me abre los ojos, sus preciosos ojos, brillantes y hermosos.
Intenta decirme algo que me es imposible entender, los tubos del respirador le han debido hacer daño en la garganta y casi no puede hablar.
Consigo entender, a duras penas que me dice - No te vayas -
- No mi amor, no me voy, me quedo contigo todo el rato.
Le digo que no hable, que no se esfuerce, que si me ha de contestar que sí, que cierre los ojos y para decir que no, que los abra completamente.
- ¿Me quieres, mi vida? - y me cierra con fuerza los ojos.
Acaricio su mano hinchada, paso mis dedos por su mejilla arrebolada por un resto de fiebre y empiezo a hablarle de nuestro nieto, de cuando lo tuvimos en casa a finales de Febrero, de su carita preciosa y de su sonrisa angelical.
Le digo que pronto se va a poner bien y que volveremos a casa, a nuestra salita en la que pasamos tantas horas juntos, viendo esos programas de cocina que tanto le gustan.
Buscaremos en internet esos lugares a los que viajar, llamaremos a los hoteles para concretar si hay habitación para cuando planifiquemos el viaje..., y ella me sonríe, con una risa preciosa y encantada.
- ¿Quieres que el próximo viaje sea al mar? - y vuelve a cerrar los ojos con fuerza.
- ¿Sabes que he pensado? que nos vamos a ir a Almería, a la orilla de tu mar e iremos al mercado del pescado para que puedas hacer esos guisos tan ricos y por las tardes pasearemos por la orilla, junto a las olas, cogidos de la mano...
Sonríe e intenta hablar - No, no me digas nada, no te fuerces, ¿me entiendes lo que te digo? - y vuelve a cerrar los ojos con fuerza.
Beso su mano y acaricio su pelo desordenado.
Le hablo de nuestros hijos y se le ilumina el rostro. - Te acuerdas de la playa de las Canteras en Canarias, ¡Que Navidad más bonita con nuestros hijos! ¿eh? - Vuelve a acentuar su sonrisa y me aprieta la mano. -¿Sabes qué? cuando te pasen a planta me traigo el ordenador y nos conectamos con ellos para ver al pequeñín...
-¡Que guapa estás! - Me hace un gesto como diciendo..., si, claro, guapísima - De verdad que estas muy guapa y te quiero muchísimo Carmencica, que eres lo mejor que me ha pasado en la vida...- Acentúa su sonrisa, esa risita preciosa, mientras vuelvo a acariciar sus mejillas.
Le hablo de Finisterre que tanta ilusión le hacía conocerlo, la playa de las Catedrales de Ribadeo..., anécdotas de nuestros viajes... El rato pasa veloz, como si el tiempo no quisiese que siguiéramos juntos e inexorablemente recibo el anuncio de que he de abandonar el recinto, beso una y otra vez su mano y su frente..., lentamente me alejo de su lado sin dejar de mirarla, mientra ella me hace un gesto de despedida con su mano hinchada.
Al día siguiente otra peritonitis terrible la llevó de nuevo al quirófano y el día siete de Abril me dejó para siempre, después de haberme dado los cuarenta y cuatro años más felices de mi vida. Mujer maravillosa y preciosa, compañera ideal, buena y culta conversadora, fiel amiga, apasionada amante, madre amantísima y perfecta esposa..., si hubiese sido posible le habría dado la mitad de los días que me quedan por vivir para haberlos pasado con ella, juntos y de la mano, como me decía con gracia "Tú to pa mi y yo pa tí toa"

No hay comentarios: